El comienzo de la guardería: un gran paso hacia la socialización

El momento de la separación

Para tu hijo, empezar la guardería significa separarse de ti. Si tu hijo ya ha experimentado la vida en grupo (yendo a la guardería o al jardín de infancia), el cambio no es demasiado grande y, por tanto, es más fácil de asumir. Lo mismo si desde su más tierna edad ya se produjeron pequeñas separaciones que se produjeron sin contratiempos (fue confiado a su abuela, a la vecina…).

Los días previos al inicio de las clases

Aunque tu hijo esté muy orgulloso de empezar la guardería, no sabe realmente lo que le espera. Comprarle una nueva mochila o ropa, hablar de ello (revisando un bonito álbum o un libro ilustrado de la vuelta al cole) pondrá algo de ilusión en el ambiente. Haz hincapié en que ya es mayor (pero no insistas en ello, que puede ser un poco estresante). Explícale que le dejarás en el colegio, te irás y volverás a por él pronto.

Explicar cómo es la escuela y compartir tus propios recuerdos despertará su curiosidad. Y si tienen la oportunidad de visitar el lugar juntos de antemano, se sentirá menos impresionado cuando llegue el momento.

El gran día

Al parecer, está encantado de ir al colegio, pero puede que no quiera ir cuando llegue el momento: se aferra a ti y llora. No te preocupes. Normalmente, en cuanto le des la espalda, se calmará. Esta dificultad para salir puede durar unos días. Tu hijo prefiere pasar el día contigo y el colegio le da un poco de miedo. Demuestra que tienes confianza en la escuela y que estás decidido: esto le tranquilizará.

Dile “adiós” con un gran beso y explícale que le recogerás a la hora de los padres, y luego vete sin mirar atrás. Si él siente que estás preocupado, se pondrá ansioso. Si este es el caso, puedes hacer que sus abuelos u otra persona lo lleven, y puedes tener el placer de recogerlo tú mismo, pero sigue siendo preferible que sea la misma persona la que lo lleve y lo recoja. Esto mejorará rápidamente, sobre todo porque se dará cuenta enseguida de que los otros niños están en la misma situación que él, y la alegría de conocer a sus nuevos amigos anulará sus miedos.

Cuando te vayas, dile que volverás a recogerlo y cuándo (a mediodía, por la noche, etc.). Insiste en que pasará un buen día de diversión y que tienes muchas cosas planeadas (puede sentirse culpable por dejarte sola). No alargues el momento de la separación (mantiene vivo el duelo) y, por supuesto, no vuelvas. Apela a la razón: la escuela y el aprendizaje de la separación son necesarios; es bueno para tu hijo, así que no hay razón para sentirse culpable. Si tu hijo siente que estás tranquilo y decidido, esto le ayudará mucho.

Tu hijo está experimentando muchos cambios, por lo que es posible que aparezcan algunas preocupaciones durante los primeros días/semanas. Esté atento y, si nota algún problema, no dude en hablarlo con su hijo o con su profesor.

Un largo día

Entre las actividades manuales (dibujo, pintura, plastilina, etc.), las actividades motrices (bolos, aros, juegos de pelota, etc.), la hora de la merienda o el almuerzo, el tiempo de aprendizaje (números y letras, días, meses y estaciones, rimas infantiles, canciones, etc.), los talleres (rompecabezas, juegos de cartas, dibujos, etc.) y, por supuesto, el recreo, tu hijo tiene un día muy ocupado. Afortunadamente, está prevista una siesta para que se recupere un poco (no olvides poner su mantita en la mochila).

Para saber más sobre lo que tu hijo aprenderá en la escuela infantil, lee nuestro artículo.

Volver a casa

Por la noche, tu hijo puede estar muy cansado e incluso dormirse nada más llegar a casa. No te preocupes, unos días de adaptación son necesarios, rápidamente cogerá el ritmo.

Se alegrará si estás disponible para él: ¡no te ha visto en todo el día! El hecho de que le dediques un poco de tu tiempo (para jugar, para leerle cuentos, para hablar juntos…) le dará un gran placer. Puedes interesarte por su día sin bombardearle con preguntas: tiene derecho a guardarse cosas para sí mismo y no necesariamente quiere contártelo todo. Tú, en cambio, no deberías dudar en contarle lo que hiciste mientras estaba en la escuela. Le tranquilizará ver que tienes una vida sin él.

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